tres hojas en un cajón y un reencuentro
mientras acariciaba mecánicamente la suavidad provocada, repasaba las pocas horas.
se regocijaba con la causalidad de un instante tan intenso.
seguía recorriendo el perímetro de un infierno de músculos en reposo, deslizando su tibia y húmeda mano con la dificultad postural de la cama.
no podía entender porqué le había sucedido ahí. siempre que le pasaba era por alguna razón bien clara, que el porrito, que la fiebre, que la primera vez.
pero hace unas horas, nada de eso. sólo paz y tranquilidad. paz y soledad. mucha de ámbas. muchas veces era de su discurso un soy una mujer solitaria, y las cosas por algo son.
mientras pasaba por la rótula pudo sentir la textura de tantos grabados de piedra y asfalto, algnas puntadas, el reuma y los días húmedos.
y hace un rato, todo fue diferente. se desplomaba, una vez más, pero esta vez era distinto. no avisó y en el medio de un bar repleto de indiferencia citadina, se desplomó la mujer solitaria. el proceso interminable y la situación despertaba sus gigantes más temidos. el piso tampoco hacía las cosas fáciles, porque no estaba cerca y guarda con los mil y un obstáculos.
flotaba sobre las escaleras.
las bajaba, flotando, sin caminar ni mover los pies, sin pensarlo. sólo flotaba sobre sus pocas ganas de descender escaleras y qué mejor para la vagancia que flotar.
tenía muchas ganas de contar su sueño, el de las escaleras y de bajarlas flotando, pero no sabía si el sueño había terminado todavía, o si era realmente un sueño, porque sentía que sus pies seguían flotando
abrió los ojos y no veía escaleras. pero sus pies flotaban en el cielo negro de la ciudad. dos brazos lampiños mantenían la gravedad dada vuelta y hacía frío.
- ¿Estás bien?
- mnbsbsi... ya estoy mejor.
- ¿Te pasa muy a menudo?
- No, pero me pasa.
entonces reconstruyó rápidamente las posibles trayectorias y la de los brazos lampiños fue la más sana.
esos brazos la revivían tanto que queriendo renacer, se rebautizó entre balbuceos.
se tentó, y con la misma delicadeza que la distracción detuvo la caricia, la curiosidad la retomó.
su torpeza seguía subiendo hacia la ingle. la suavidad extrema de la superficie se adhería al esbozo de humedad que su mano conservaba del cansancio reciente.
la ansiedad inicial no le permitió retener la textura de la zona que su curiosidad quería confirmar, y cuando la mano llegó a destino, no quedaron dudas.
- de ahí para abajo es por la profesión, pero ahí es por mi obsesión.
me intriga la destinataria o protagonista de la historia. creo que reconozco los brazos
15.Mar.05 16:44:33 | martin